Un trabajo precario suele estar mal remunerado y poco sindicalizado, y carece de prestaciones importantes, como las cotizaciones a la pensión, licencias de enfermedad o licencias parentales, puede dejar a los trabajadores vulnerables a la presión, el abuso o la explotación. Por tanto, tiene efectos sobre la vivienda, la salud y la vida familiar, el trabajo precario a menudo se extiende a vidas precarias.

Si bien esta oferta como se aprecia en la figura está afectando a todo tipo de personas, los jóvenes tienen muchas más probabilidades de ser empleados que otros grupos; en empleos atípicos e inseguros, independientemente de su educación y cualificaciones (consulte aquí la generación “nini”).

El caso de Rappi está alertando sobre la explotación bajo contratos como: temporales, irregulares a tiempo parcial, autónomo regulares, autónomo ficticios o pago  por rendimientos asociados a las plataformas digitales.

Existen plataformas de microtareas en línea como glovo y Cabify, para personal de cuello azul (trabajos para la jerarquía más baja de las empresas) como: wonolo, jobtoday, o para trabajadores de cuello blanco (trabajadores tradicionales de oficina pero tercerizados) como: upwork, wisar.

Este fenómeno de la “precarización” está generando también un traslado hacia el arriendo de los bienes sobre la propiedad y la pertenencia, como lo señala el país en este artículo.

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